Quisiera mostrarles una verdad que está afectando a un tremendo grupo de personas, una verdad que apenas puede conseguirse un pie de página en un diario de difusión nacional y que, pienso, necesita de manera urgente empezar a conocerse. Creo que este es un problema que nos afecta directamente a todos, como ciudadanos, como defensores de no sólo nuestro entorno natural sino que además de la vida de cientos de personas.
La historia que les cuento es acerca de la posible (¡ahora más que nunca!) construcción de la planta de gas propano en la comuna de Peñalolén. Para los que estén interesados en profundizar acerca de la noticia, existe un sitio web (www.noalaplantadegas.org) preparado por los vecinos de Peñalolén.
Cuando lo que hay en el aire no es tan transparente.
En su estudio de impacto, Metrogas no incluiría el riesgo de una eventual explosión de los camiones, porque la empresa externalizaría el servicio. «Si un camión explota, vamos a tener que ir a hablar directamente con “Juanito Pérez”, el chofer, para pedirle explicaciones por vidas que haya que lamentar», asegura Pla.
Furlan trabaja hace tres años en los terrenos en donde se construiría la planta. Es el mentor de "Cantalao Cordillera", un proyecto que pretende crear un Centro de Educación Ambiental para niños en plena precordillera. El proyecto, que en un principio usaría 642 hectáreas, hace un mes sufrió una repentina modificación. «Cuando se firmó el acuerdo, nos dimos cuenta que a Cantalao le habían restado dos hectáreas —cuenta el ecologista—. Dos hectáreas que le habían sido entregadas a Metrogas», agrega.
Que los niños que asisten a clases de educación ambiental tengan a metros de la sala una planta de gas, no sería la única contradicción: el acceso a Metrogas y a "Cantalao Cordillera" también sería el mismo, señala Furlan. Elizabeth Caneloa, presidenta de la Unión Comunal, agrega: «Es una inconsecuencia que la Corema acepte en un mes dos proyectos incompatibles entre sí».
Tras los sucesivos cortes del gas desde Argentina, Juan Meriche, asistente ejecutivo del subsecretario general de la Comisión Nacional de Energía, afirma que es urgente la construcción de una planta de respaldo. Aún así, no toma responsabilidad alguna del tema por parte del organismo al que representa. «Más allá de dónde se instale, nos preocupa que exista —afirma rehusando a contestar las preguntas referidas a la planta—. La Corema es la que toma la decisión, no nosotros».
Según Furlan, en la reunión en donde la Corema (Comisión Regional del Medio Ambiente) aprobó la puesta en marcha del cincuenta por ciento del proyecto, habría quedado clara la parcialidad del Gobierno frente al tema. El ecologista recuerda que en la oportunidad la intendenta estaba muy nerviosa. Los primeros cuatro votos fueron en contra: El quinto fue el de ella. «Levantó la mano y dijo que estaba a favor. Luego pidió voto a mano alzada para el resto». No por casualidad, explica el dirigente de Greenpeace, los doce votos restantes habrían estado a favor.
En la acalorada reunión ocurrió otro suceso particular, rememora la concejal. Un error de la secretaria hizo que Metrogas se viera obligado a escribir una nueva acta. En el documento, saldo de la reunión, se aceptaba la construcción de estanques de gas —de la que ni se habría hablado— durante la primera fase del proyecto. La Contraloría, que ya tiene la nueva acta, debe revisarla y emitir, en el próximo mes, el sí o no definitivo a la propuesta de Metrogas.
Edgardo Gómez cuenta cómo se enteró de la construcción de la planta: «En plena reunión de vecinos, llegaron los tipos de Metrogas a mostrar el proyecto, seguros que no habría oposición”. El general del ejército en retiro cuenta que llegó a vivir el año 2000 al Club de Campo Sur, el condominio que queda más cerca de la planta. «¡Nada!, ¡ningún indicio de nada!. A nosotros se nos vendió un terreno, de frente y de espaldas, ubicado en una zona de naturaleza protegida», señala. Si la planta se aprueba, el lugar en donde vive se convertirá en el corazón de una zona industrial. Gómez dice estar asustado junto a su esposa y su hijo. «Tenemos una bomba de tiempo encima. El miedo más grande es la inminente muerte de mi familia, a cada rato», dice.
Paralelamente, Metrogas no da declaraciones del tema. Carlos Cortés, portavoz de la Asociación del Gas Natural, tampoco da información al respecto. Luego agrega: «Como gremio, no nos pronunciamos sobre iniciativas concretas de las empresas de la Asociación». La Corema señaló que no se pronunciaría respecto al tema por el momento por aún encontrarse la discusión en boga y, en cambio, aseguró que la vocería la podía ejercer la Conama (Comisión Nacional del Medio Ambiente). Annie Kutscher, encargada del área de comunicaciones de la Conama, dice que su portavoz oficial no iba a acceder a una entrevista.
La concejal, el ecologista y el residente coinciden en algo: que la planta se construya en Peñalolén, y no en cualquier otra comuna, se debe a una razón económica y a una política. Económica porque, según Gómez, «les sale unas lucas menos». Pla explica que en Peñalolén ya hay camino habilitado para los camiones —no habría que pavimentar la ruta— por lo tanto nadie se “metería la mano al bolsillo”. Política, dice la concejal, porque en el sector oriente existe mayor presión por parte de los residentes.
El ecologista luego agrega que más preocupante que lo último, es la “vista gorda” que estaría haciendo del problema la Corema. Mientras camina por el terreno en el que, una vez aprobado el cien por ciento del proyecto, se levantaría la planta, un grupo de hombres que realiza estudios de topografía, da vueltas por el lugar. «Nivelar, cercar, es lo único que pueden hacer estos gallos por ahora», dice fuerte como advirtiendo a los topógrafos que él aún no se ha dado por vencido. Luego llega hasta la orilla de la quebrada que ha sido cercada con un alambre de púas. Se detiene frente a una panorámica de los condominios de Peñalolén Alto y continúa: «El gas no se ve. En caso de una fuga, empieza a bajar sin que nadie se dé cuenta». De pronto saca un encendedor, lo prende y señala: «Una llamita así de fina y…».
Ecocentro ambiental Proyecto «Cantalao Cordillera»
Vista panóramica de los condominios de Peñalolén Alto desde la quebrada



Ahora, pensemos en el canon renacentista establecido en las artes en el que se exageran rasgos grecorromanos (aún muy latente a principios de siglo diecinueve con un fuerte Neoclasicismo presente en las artes): en él, el desnudo de mujeres es absolutamente legítimo. Existe una teoría de inmensa proporcionalidad en los cuerpos femeninos, que en artistas vanguardistas como Rembrandt —también exponente del barroco— será despedazada: el cuerpo de una mujer al estilo «El hombre de Vitruvio» de Da Vinci, está obsoleto. Rembrandt se ríe de la famosa «razón áurea» tan manoseada por los griegos. No hay que olvidar que el artista holandés pintó sobretodo a mujeres de grandes bustos con blancas y generosas barrigas. Aquí hay que tener ojo. ¿Por qué Rembrandt no causó la explosión de críticas que sí causó Goya dos siglos después? Porque no hay ningún desnudo provocativo en Rembrandt, porque no casualmente la mayoría de las escenas retratadas en las que aparece un cuerpo femenino desnudo, han sido extraídas de pasajes bíblicos. Es el caso de «Betsabé en el baño», el lienzo que fue pintado en 1654 y en el que se muestra la supuesta historia de amor entre Betsabé y David. Entonces nosotros vemos, por medio de los ojos de David, a Betsabé despojada de sus ropas, en un acto absolutamente casual. Ella no ve que, mientras le lavan los pies, alguien observa su torso desnudo. Ni siquiera nos topamos con su mirada de frente.
Volviendo a «Las majas», algunos estudiosos explican esta doble existencia a través de una curiosa teoría: se dijo en su momento que Goya, al presentar sus cuadros públicamente, habría sobrepuesto la tela de la maja vestida sobre la desnuda. Quería hacerles una broma a sus auditores en medio de la exposición. Ambas habrían compartido un mismo marco, la vestida por encima, está claro. Bueno, en el segundo menos esperado, Goya le habría dicho a su público: ¡Sorpresa! Y habría presentado a la desnuda después de extraer rápidamente la tela de la maja con ropa que estaba encima. 
Goya podría sentirse alabado. Quizás. Sus majas, absolutamente precoces en su momento, hoy día ya no son las promotoras de un sentimiento obsceno, morboso, fuera de lo éticamente aceptado en las artes canónicas de su tiempo. Al menos en los lienzos de la Villena, no. Ni siquiera hacen referencia a una mujer de fácil vivir, ni a una gitana, ni a una subversiva, ni a una revolucionaria. Según la pintora chilena, todas podemos ser «majas». Todas somos «majas». Día a día, no sin ponernos los zapatos de taco alto, caminamos por el centro, vamos a reuniones y hacemos colas para los trámites. Todas podemos ser «majas». Todas lo somos, ¿o no? 
